Navidad 2009

Hay quien odia la Navidad. Conozco a personas que lo manifiestan abiertamente. Las estadísticas nos hablan del incremento de enfermedades, saturaciones en los servicios de urgencia, depresiones (que en estas fechas tienen hasta su nombre propio: depresión blanca), discusiones, violencia interfamiliar, estrés, etc…

Y jamás discuto con ellos, o trato de convencerles de nada; les entiendo muy bien: La Navidad que ellos perciben, que viven, aquella que les trasmiten los medios de comunicación social mayoritarios es fácil de odiar o, por lo menos, de causar un buen fastidio, con todos sus convencionalismos, mensajes edulcorados de buenismo barato… en fin, una Navidad con un sentido insuficiente para compensar la maraña de gastos, salidas, obligaciones, cenas, el ver a personas que se te apetece ver junto a aquellas que en absoluto, el tener que desear unas felicidades que no se sienten en el corazón y, en muchos casos, a personas a quienes en el fondo no se las deseamos.

Un sentido insuficiente porque al quitarle el único que tiene, todo los demás no llegan a colmar el corazón del hombre. No deja de asombrarme la cantidad de películas que cada año hablan de la Navidad, los anuncios las decoraciones y, salvo en las zonas en donde aún no ha muerto la tradición del Belén, las navidades no tienen a su protagonista. La Navidad la hemos vuelto un cumpleaños sin el cumplidor, una fiesta de tradición pero sin origen y sin motivo.

Y la palabra Navidad no es una palabra sólo para cristianos; de hecho, su origen etimológico ni siquiera menciona a Jesús. Significa “Nativitate”: Nacimiento de la Vida para Ti. La fecha se solapa a aquella más antigua del Solsticio de Invierno, una época del año que invita al recogimiento y al crecimiento interior, casi en oposición al bullicio, villancicos al son ‘disco’ y luminotecnia que invaden nuestros sentidos en nuestras ciudades.

En esta fecha cada uno puede celebrar, también desear e incluso planificar el renacer de la vida. Se me vienen enseguida a la mente tantas y tantas personas que a lo largo de este 2009 han sido precisamente eso para mí: seres que me han hecho ser mejor persona, que han sabido sacar de mí potencialidades y recursos, que me han ayudado a integrar vivencias, creencias, comportamientos o valores que pudieron ser limitantes en mi pasado.

Muchos, afortunadamente, son personas físicas y cercanas, a quienes tengo la suerte de poder estar con ellas en diversas ocasiones —y con algunas, esas ocasiones siempre parecen pocas—; a otras las distancias y los quehaceres me procuran menos su compañía, pero el cariño acumulado y el amor sincero hacen relucir los momentos del encuentro, en ocasiones sólo escritos; otras me han ayudado a nacer mi ‘Yo’ con mayúscula con el fruto de su arte y su pensamiento, son autores literarios, compositores, intérpretes, actores, cineastas, pintores, pensadores, artistas y creadores; otros, a veces casi anónimos, me han ayudado con sus acciones y ejemplos, sus iniciativas; otros, son seres cuyo influjo trasciende el tiempo y que han ayudado a conectarnos con nuestras esencias más divinas: son ángeles, seres de luz, personas queridas que físicamente ya no están con nosotros, son seres como Jesús el Cristo o Buda, y tantos otros que a lo largo de la historia acercándose a la santidad y a la iluminación han enriquecido al Ser que cada uno somos.

Y junto con el deseo de nacer cada vez más ese yo verdadero esencial, que es mi cuerpo, mi mente, mi alma, que también no lo es y que al mismo tiempo lo engloba todo más allá de mi esfera únicamente personal, uniéndome a todos los seres mencionados en el párrafo anterior, está el deseo de contribuir también yo al nacimiento de cada ser con quien tenga contacto, asumiendo la responsabilidad de que cada pensamiento, cada acción, cada sentimiento tiene un influjo —no necesariamente directo— en todas mis relaciones cercanas y lejanas, presentes, pasadas y futuras. Y así, la Navidad puede hablarnos de amor, caridad, crecimiento, comunicación y… todo lo demás es accesorio. Así que entiendo muy bien a quienes odian lo accesorio de la Navidad. Yo amo la Vida, la quiero para mi y para todos los otros seres. Navidad me trae a esa otra realidad en la que Todos Somos Uno. Amo la Natividad. Amen.

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