Archivos de la categoría Navidad

2011 ¡¡Menudo año!!

Un año no es más que una porción arbitraria de tiempo, coincidente con un ciclo orbital de la Tierra alrededor del Sol; pero parece que le hemos terminado dando una importancia casi divina, como si el mero hecho de pasar una hoja del calendario o de anochecer, y volver a amanecer al día siguiente, tuviera un efecto mágico sobre la vida de todos los seres de este planeta.

Pero nos ayuda a poner un marco temporal lo suficientemente amplio a una porción de nuestras vidas. Invita a cerrar un tiempo y a abrir otro, revisar logros y establecer nuevos. Y eso está bien.

En este 2011 he vivido una experiencia muy curiosa. Los últimos años, me atrevería a decir que casi los diez últimos, han sido de esos que se te pasan casi volando; me parecía increíble cómo llegaba, cada año, de nuevo la navidad otra vez.

Este 2011 ha sido totalmente diferente. El tiempo ha parecido casi congelarse; sucesos que parecieran de años anteriores, han pasado apenas unos meses atrás. Cada día, cada hora, cada minuto los he percibido como algo tremendamente valioso y tengo la sensación de haber vivido el equivalente de varios años anteriores.

Hace cosas de un mes, mientras volaba hacia Madrid, se me ocurrió encender mi iPad y abrir un programa de creación de Mapas Mentales. Casi de manera instintiva puse en su centro ‘2011’ y me deje llevar, fluir. Rama tras rama iban saliendo conceptos, logros, vivencias y, veinte minutos más tarde, miraba la pantalla con total asombro y dije para mi: ¡¡Menudo año, alucinante!!

Sin intención de ser exhaustivo, quiero aprovechar para dejar plasmado en este blog lo que plasmé allí de manera gráfica. Sigue leyendo 2011 ¡¡Menudo año!!

En crisis… con la Navidad

Hace dos años, publiqué la primera entrada de este blog, llamada Navidad 2009. Hoy, día de Navidad de 2011, he vuelto a leerla y, de forma curiosa, me ha parecido muy vigente y he sentido el deseo de recomendar su lectura a todos aquellos que en el plazo de estos dos años siguen de manera regular Vivir con corazón.

Han pasado dos años y considero que mi pensamiento se ha ‘radicalizado’ en ciertos aspectos. Por un lado, está la realidad de la evolución personal transcurrida durante el 2010 y el 2011; no es sólo que el tiempo no sea el mismo, ¡es que yo ya no soy el mismo! Y, por otro lado, están ciertas circunstancias personales-familiares. Entre ellas, que mi segunda hija (una preciosa niña china) tiene ya ocho años.

Quiero suponer que serán sus últimas navidades de lo que nos gusta llamar ‘inocencia‘. Para ella, todavía Papa Noel y los Reyes Magos (e incluso el ratoncito Pérez) son reales. Sigue leyendo En crisis… con la Navidad

Así felicita un Coach

tarjeta felicitación 2011 CreasistemaAunque con algo de atraso, ayer recibí esta tarjeta de felicitación de año nuevo que me alegró el día, dado que es la manera de felicitar de un Coach. Nada de deseos genéricos de felicidad, prosperidad, éxito, etc… Nada de alimentar la fijación en lo externo, en que sea el nuevo número de año, o algo aún más peregrino, lo que venga a traerte —o no— esa felicidad que muchos anhelan que les caiga, como si de una lotería se tratara.
Esta tarjeta, de hecho, no afirma nada, no desea nada, únicamente hace lo que mejor suele hacer un Coach: pregunta. Primero, qué es lo que deseas. Te ayuda a que seas tú mismo quién determines lo que deseas y, acto seguido, te pregunta sobre qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo, para que esos deseos tengan de verdad un significado, para que seas tú mismo quien asumas la responsabilidad de lo que deseas.
Al fin y al cabo, tú construyes tu vida, tú eres el único verdadero artífice de lo que te puede hacer feliz, de conseguir tus metas, tus deseos.
Sí, así felicita un Coach, así nos han felicitado el equipo de Creasistema. Preguntándonos e invitándonos a que hagamos lo que consideremos tengamos que hacer para obtener la vida que queremos vivir.

Feliz… ¡Lo que tú hagas!

jjdoresteHoy es el último día del año 2010. Siempre es un tiempo curioso este de fin de año, en el que parece que hay que celebrarlo sí o sí y en el que todos nos deseamos un feliz (añadiendo  a veces lo de próspero) año nuevo.

Pero esta vez, al menos en las primeras líneas, voy a resistirme. voy a jugar, voy a hacer algo diferente, porque… como dice el dicho (atribuido a Einstein y apoderado por la PNL): “Si haces lo que has hecho siempre… obtendrás lo que has obtenido siempre”. Y hoy me pregunto sobre el resultado de dos de nuestras costumbres de este día: desearnos todos y cada año que sea éste, por el hecho de pasar una hoja del calendario, el que nos deba traer felicidad a nuestras vidas y esa otra de pedir deseos al año que entra.

Y todo esta bien, siempre y cuando no nos paremos a pensar un mínimo en qué es lo que estamos haciendo ¿A quién le pedimos que nos traiga felicidad? ¿A quién le pedimos que nos otorgue esos deseos? ¿A una supuesta entidad llamada ‘año nuevo’? ¿Qué celebramos los seres humanos en esta noche? ¿El que hemos llegado, hemos escapado y, al menos, seguimos aquí?

Y es tras estas preguntas que con la mentalidad de Coach me paro y observo, y adquiero consciencia. Me doy cuenta de que no es el ‘tiempo’ (de calendario) el que nos va a aportar felicidad por el hecho de haber cambiado su numeración; tampoco es ese tiempo el que va a posibilitar que ese o esos deseos —pedidos algunos, vacuamente, a lo largo de muchos años anteriores— se hagan realidad.

La vida no funciona así o, al menos, no únicamente así. La felicidad —otra palabra tan peliaguda como la de año— no es un ente abstracto, no es una cosa, sino que son procesos, son verbos, son acción… y pasan a ser absurdas e inoperantes en cuanto las cosificamos.

El tiempo es en donde transcurrimos nuestro vivir, en donde actuamos, pensamos, amamos, trabajamos, crecemos, formamos, jugamos, amamos, odiamos, en donde nos pasan las cosas y en donde construimos nuestro propio futuro y en el que tenemos la posibilidad —quizá raramente hecha— de vivirlo en el presente y de forma presente. Es la máxima expresión de la acción, dado que no podemos aprehenderlo, cada nueva palabra, pensamiento, acción y… ya es un tiempo distinto al anterior. En él tenemos un pasado, vivimos —ojalá— un presente y nos dirigimos hacia su expresión futura. Y ese futuro puede estar en nuestras manos. Lo construimos con cada pensamiento, con cada palabra pronunciada, con cada acción, la hecha entre las muchas posibles y las omitidas, con cada sentimiento, expresado o no. Ese futuro está en nuestras manos, en tus manos. No te lo va a traer un 2011, ese cambio de calendario (cuando se usaban calendarios; ahora con los ordenadores hasta han perdido ese aspecto físico y tangible de que algo cambiaba).

Y la felicidad es aquello que vivimos mientras construimos nuestro futuro y vivimos nuestro presente. Depende mayormente de ti, de cómo vives y de cómo percibes lo que vives.

Por eso que lo que te deseo no es tanto feliz año, sino que hagas todo lo que esté en tu mano para que tú mismo lo vivas felizmente, para que asumas responsabilidad y seas tú quien construyas tu propio destino. Y ahí está el Coaching como herramienta para ayudarte a lograrlo. El tiempo está en tus manos, el juego es tuyo. Tú decides.

Feliz… ¡Lo que tú hagas en el 2011!

Navidad 2009

Hay quien odia la Navidad. Conozco a personas que lo manifiestan abiertamente. Las estadísticas nos hablan del incremento de enfermedades, saturaciones en los servicios de urgencia, depresiones (que en estas fechas tienen hasta su nombre propio: depresión blanca), discusiones, violencia interfamiliar, estrés, etc…

Y jamás discuto con ellos, o trato de convencerles de nada; les entiendo muy bien: La Navidad que ellos perciben, que viven, aquella que les trasmiten los medios de comunicación social mayoritarios es fácil de odiar o, por lo menos, de causar un buen fastidio, con todos sus convencionalismos, mensajes edulcorados de buenismo barato… en fin, una Navidad con un sentido insuficiente para compensar la maraña de gastos, salidas, obligaciones, cenas, el ver a personas que se te apetece ver junto a aquellas que en absoluto, el tener que desear unas felicidades que no se sienten en el corazón y, en muchos casos, a personas a quienes en el fondo no se las deseamos.

Un sentido insuficiente porque al quitarle el único que tiene, todo los demás no llegan a colmar el corazón del hombre. No deja de asombrarme la cantidad de películas que cada año hablan de la Navidad, los anuncios las decoraciones y, salvo en las zonas en donde aún no ha muerto la tradición del Belén, las navidades no tienen a su protagonista. La Navidad la hemos vuelto un cumpleaños sin el cumplidor, una fiesta de tradición pero sin origen y sin motivo.

Y la palabra Navidad no es una palabra sólo para cristianos; de hecho, su origen etimológico ni siquiera menciona a Jesús. Significa “Nativitate”: Nacimiento de la Vida para Ti. La fecha se solapa a aquella más antigua del Solsticio de Invierno, una época del año que invita al recogimiento y al crecimiento interior, casi en oposición al bullicio, villancicos al son ‘disco’ y luminotecnia que invaden nuestros sentidos en nuestras ciudades.

En esta fecha cada uno puede celebrar, también desear e incluso planificar el renacer de la vida. Se me vienen enseguida a la mente tantas y tantas personas que a lo largo de este 2009 han sido precisamente eso para mí: seres que me han hecho ser mejor persona, que han sabido sacar de mí potencialidades y recursos, que me han ayudado a integrar vivencias, creencias, comportamientos o valores que pudieron ser limitantes en mi pasado.

Muchos, afortunadamente, son personas físicas y cercanas, a quienes tengo la suerte de poder estar con ellas en diversas ocasiones —y con algunas, esas ocasiones siempre parecen pocas—; a otras las distancias y los quehaceres me procuran menos su compañía, pero el cariño acumulado y el amor sincero hacen relucir los momentos del encuentro, en ocasiones sólo escritos; otras me han ayudado a nacer mi ‘Yo’ con mayúscula con el fruto de su arte y su pensamiento, son autores literarios, compositores, intérpretes, actores, cineastas, pintores, pensadores, artistas y creadores; otros, a veces casi anónimos, me han ayudado con sus acciones y ejemplos, sus iniciativas; otros, son seres cuyo influjo trasciende el tiempo y que han ayudado a conectarnos con nuestras esencias más divinas: son ángeles, seres de luz, personas queridas que físicamente ya no están con nosotros, son seres como Jesús el Cristo o Buda, y tantos otros que a lo largo de la historia acercándose a la santidad y a la iluminación han enriquecido al Ser que cada uno somos.

Y junto con el deseo de nacer cada vez más ese yo verdadero esencial, que es mi cuerpo, mi mente, mi alma, que también no lo es y que al mismo tiempo lo engloba todo más allá de mi esfera únicamente personal, uniéndome a todos los seres mencionados en el párrafo anterior, está el deseo de contribuir también yo al nacimiento de cada ser con quien tenga contacto, asumiendo la responsabilidad de que cada pensamiento, cada acción, cada sentimiento tiene un influjo —no necesariamente directo— en todas mis relaciones cercanas y lejanas, presentes, pasadas y futuras. Y así, la Navidad puede hablarnos de amor, caridad, crecimiento, comunicación y… todo lo demás es accesorio. Así que entiendo muy bien a quienes odian lo accesorio de la Navidad. Yo amo la Vida, la quiero para mi y para todos los otros seres. Navidad me trae a esa otra realidad en la que Todos Somos Uno. Amo la Natividad. Amen.